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Ni los estados ni los mercados son capaces de responder por sí mismos a estos retos globales. Necesitamos ir más allá de los planteamientos del Foro Económico Mundial (Davos) y el Foro Social Mundial (Porto Alegre) y volver a colocar al Ser Humano en el centro. Atender exclusivamente a cuestiones socio-económicas o políticas no es suficiente. Necesitamos reflexionar, actuar y orientar de una manera diferente, ética y humana.
Debemos fomentar valores humanos fundamentales como el altruismo, la empatía y la cooperación para ser capaces de reinventar nuestro modo de vivir con nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza.
El progreso científico del siglo XXI nos obliga a replantearnos qué significa ser humano en el mundo de la inteligencia artificial y la tecnología biónica y a redefinir “qué es lo que hace buena a una vida”.
Frente a la satisfacción de las necesidades humanas básicas, el consumo cada vez más voraz de bienes materiales no contribuye a mejorar nuestro nivel de felicidad. Cada vez hay más personas en el mundo que viven a diario esta realidad y buscan algo que pueda dar sentido a sus vidas.
El camino a seguir es el compromiso ciudadano, la creación de capital social y la asunción de la responsabilidad que a cada uno corresponde.